miércoles, febrero 22, 2006

Karate Kids o Los niños y las Artes Marciales


por Christian Rousseau
Cinturón Negro, Sho-Dan
Karate Goju Ryu de Okinawa, IOGKF


Jackie Chan, Bruce Lee, Chuck Norris, Steven Segal, las Tortugas Ninja y los Power Rangers… ¡Todos lo practican!

Seguro que han visto demostraciones de artes marciales en el mall, en el colegio o incluso en el cine y la televisión. Sin ir más lejos, las plazas y juegos infantiles de nuestro barrio son los escenarios de las técnicas de karate de algún pequeño ninja, que hasta hace poco aún usaba pañales.

Si los padres vemos que este interés por las patadas, saltos y puñetazos realmente captan la atención de nuestros niños, ¿debiéramos acaso considerar la posibilidad de inscribirlos en alguna escuela de artes marciales? ¿Qué beneficios le traería a mi hijo/a este el entrenamiento? ¿Vale en realidad la pena?
En mi opinión, las artes marciales, especialmente aquellas originadas en Japón y Okinawa están basadas en los principios del respeto y el “no dañar” al próximo. Contrario a la creencia popular de que las artes marciales son deportes violentos, el primer mandato de estas disciplinas es precisamente la “no-violencia”.
Hoy existe una variedad de formas, tipos y estilos de artes marciales en Chile y para elegir un programa que se ajuste a la edad, nivel de desarrollo e intereses de nuestros hijos, es necesario invertir tiempo e investigar el mercado nacional.

Al respecto, quiero hacer un paréntesis y aclarar que en numerosas oportunidades somos los padres los que “decidimos” colocar a nuestros hijos en clases de artes marciales, “porque le va a hacer muy bien”, sin tomar en cuenta los reales intereses y motivaciones de nuestros niños.

Del abanico de las artes marciales existentes, quisiera referirme en particular al Karate, disciplina que practico hace 25 años.

Creo que la primera pregunta que nos surge a los papás que tenemos hijos que quieren entrenar karate es ¿a qué edad comenzar el entrenamiento?

Al respecto, pareciera pertinente no comenzar antes de los 6 años, ya que desde el punto de vista del desarrollo, el común de los niños de esta edad aún no ha adquirido completamente las habilidades motoras finas. Así, la práctica de alguna disciplina muy compleja podría resultar poco fructífera y por sobre todo, frustrante.
Por el contrario, en niños pequeños debiéramos privilegiar la práctica de algún estilo de karate donde se practiquen las posiciones y movimientos amplios y donde la orientación de la instrucción sea más bien lúdica. Con un tipo de instrucción como el que describo, los más pequeñitos rápidamente pasan a dominar los movimientos básicos, lo que sin duda aumenta su motivación para continuar entrenando.

La segunda pregunta clave es qué escuela escoger. Esto nos lleva de vuelta al asunto de la “investigación de mercado” y de las escuelas de karate existentes.

Yo aconsejaría comenzar la búsqueda ubicando las escuelas de karate (Dojo) más cercanas de la comuna. Luego es imprescindible visitar aquellas seleccionadas y sentarse a mirar las clases. Mejor aún, yo iría dos veces a cada dojo a mirar y me fijaría en algunos aspectos que considero básicos:


  • Que el entrenamiento de los más pequeños sea impartido por un profesor (Sensei) con grado de cinturón negro o al menos por un alumno antiguo, de grado cinturón café con varios años de práctica (Sempai)


  • Que el dojo tenga una superficie de entrenamiento adecuada, lisa, libre de obstáculos, idealmente con piso de madera en buen estado o bien con un tatami (de colchonetas más duras que las de Judo), con una temperatura confortable para entrenar, con buena ventilación e iluminación


  • Que para niños pequeños (menores de 8 años) el entrenamiento incluya juegos y otras actividades pedagógicas (sin desmedro del nivel técnico, por supuesto)


  • Que el entrenamiento incluya descansos breves para hidratarse o ir al baño


El “feeling” de los papás es muy importante al momento de determinar si el profesor a cargo de la clase de karate parece estar disfrutando de esta actividad. ¡No hay nada peor que un profesor desmotivado o que no le guste hacer clases a niños! Si algunas de las condiciones que describo arriba no se da, o bien aparece como deficiente, es mejor seguir buscando hasta encontrar la que nos satisfaga y de confianza.

Existe una última preocupación común de los papás respecto de los efectos negativos que podría tener el entrenamiento del karate en niños pequeños. Me refiero a posibles lesiones, al que le haga daño a otro niño en el colegio o al temor de que nuestro hijo/a se crea invencible o indestructible, como los karatekas de la televisión.

Afortunadamente, el entrenamiento en artes marciales no constituye una puerta abierta a la violencia. Por el contrario, es la puerta de entrada para recibir sólidos fundamentos de auto-estima y confianza en si mismo, a través de la cuál los niños aprenden a respetar a sus compañeros y a respetarse así mismos, comprendiendo por último sus propias habilidades y limitaciones. Es más, estoy convencido que, recibiendo la instrucción apropiada, junto al refuerzo positivo de los padres, los beneficios del entrenamiento del karate sobrepasan los riesgos de lesiones o enfrentamientos con compañeros de colegio.
Existe además el beneficio adicional de entender mejor lo que sus hijos aprenden en karate, presenciando las clases de sus hijos o incluso participando de clases con adultos.

Practicar deportes, sin importar cual sea, es una de las formas en que los niños pueden aprender valiosas lecciones de vida con beneficios al largo plazo.

El karate como deporte desarrolla la auto-disciplina, fortalece la auto-estima y el nivel de compromiso personal, pero a diferencia de otros deportes, es un proceso de aprendizaje que dura toda la vida y que nos puede llevar desde la niñez a la vida adulta, sorteando exitosamente el camino de barreras físicas y mentales que propone el karate, en un estilo de vida sano y de superación personal.